Una manera fantástica de entrenar nuestra atención es simplemente sentarnos y observar la respiración, sin juzgar, sin modificar.
Durante esta práctica probablemente pasen por la mente de los alumnos/as practicantes todo tipo de pensamientos, resistencias, agobios, etc.
Todo está bien, todo lo que aparezca es válido y positivo. Como ya expliqué en posts anteriores, el hecho de darnos cuenta que tenemos un pensamiento en la mente, y reconducir la atención, es un gran logro. Es un entrenamiento, ganamos flexibilidad mental y capacidad de atención.
Tras un par de inspiraciones profundas por la nariz, con exhalación sonora por la boca para soltar las emociones, realizamos la práctica en silencio durante 5 minutos. Acabamos con otras dos respiraciones profundas, y compartimos en grupo cómo nos hemos sentido.
