
Vivimos en automático. Ese tiempo en que no estamos presentes en lo que realmente estamos viviendo, no es tiempo vivido.
La práctica frecuente del mindfulness nos permite entrenarnos en la toma de consciencia, y extrapolar este aprendizaje al día a día. Ya hemos hablado otros días de la importancia de sentir el agua mientras nos lavamos las manos, fregamos la ropa… sentir el aire y el sol al caminar, etc.
Un paso más allá es establecer rituales personales. Podemos convertir pequeñas rutinas (vacías de presencia, ya que las realizamos en modo automático), en rituales.
Un ritual nos conecta de manera consciente con el ahora. Es una celebración de la vida. Es estar aquí y ahora, honrando cada pequeña cosa, ensalzando el valor de todo lo que tenemos.
En la sesión anterior hablamos de agradecer a la vida, al universo, a Dios… según las creencias de cada persona. Podemos hacer ambas cosas en una, por ejemplo, cada vez que levanto la persiana al levantarme, miro al cielo y agradezco a la vida un nuevo día. Al acostarme, cuando bajo la persiana, agradezco a la vida y a mí misma, las experiencias vividas y los aprendizajes realizados.
PRÁCTICA: hacemos un ejercicio sencillo de respiración, conectando con las sensaciones corporales. Sea lo que sea que aparezca, le decimos sí y lo aceptamos, sin resistencia.
RETO PARA LA SEMANA QUE VIENE: establecer un ritual personal y ponerlo en práctica. Ser consciente de lo que se está viviendo durante ese tiempo.
