
Esta fría mañana de enero invita a una práctica cálidad para reconectar con la atención dirigida. Es una práctica sencilla y potente, con el beneficio de la calidez de la llama y la luz roja e infrarroja que invita a la calma.
Comenzamos cerrando los ojos, recordando la postura meditativa y conectando con la respiración, como es habitual. Cuando se considere oportuno, se da una vela a cada persona y se le pide que mantenga la atención en la llama. Para facilitar la práctica se puede guiar pasando la atención a los siguientes aspectos:
- El color de la llama, desde el azul hasta el amarillo.
- La sensación de calor que emana de la vela y la llama.
- Observar la zona de la vela en que se derrite la cera.
- Imaginar que el calor de la llama penetra desde las manos y va inundando el cuerpo a cada inspiración.
- Observar la línea justa en la que el color de la llama cambia de azul a amarillo (esta propuesta es la que según mi experiencia les ayuda mejor a mantener la atención).
Al acabar, volvemos a poner la atención en el entorno del aula, compartimos experiencias y recordamos lo importante que es entrenar los circuitos neuronales de la atención dirigida.
